He decidido posponer las agendas, los viajes
y los pájaros.
Hoy no se vuela a ningún lado
ni se juntan las manos.
No se ata la sangre,
y es probable que me acueste en la tierra
y que no consiga el aire
y me plazcan los árboles
y el cierzo baile en fantasmas.
Cuando escuche mi ruido alejarse
como un rumor que ha sido vencido de gentes,
habrá un siglo de luces donde ir a poner la tarde.
No habrá, hoy,
temor ni temblor,
porque no están en cristo mi juventud y sus flores,
ni las páginas que siempre suceden a un paso de reventar.
Hoy no se espera el aire, ni se trabaja.
No se viste de ningún modo.
Hoy no se actúa.
Hoy no existen los tristes, ni se cuentan las heridas.
Hoy tiene el perfil que la abulia gobierna y dicta en las sombras
no hay voluntad de sentirnos desdichados.